Mujeres que crean un mundo para todas las mujeres

Dos emprendedoras mirando a cámara

En distintas comunidades, a lo largo y lo ancho de la región, existen emprendedoras sociales y lideresas que no dudan en tomar la palabra para proponer soluciones colectivas a problemáticas sociales, aquellas que las interpela. Este Día Internacional de las Mujeres  -y siempre- Ashoka acompaña las iniciativas de esas transformadoras del mundo que buscan potenciar a otras mujeres y construir una realidad más justa para todas las personas.

“El mercado invisibiliza a las mujeres emprendedoras de los sectores populares porque sus emprendimientos no encajan en el molde tradicional y los estándares que suponen estatus de emprendedor”, describió Peggy Rivas, que hace 16 años trabaja en la promoción de oportunidades para emprendedoras, es mentora del programa “Hola América!” de Ashoka y directora general de la Asociación Mujeres Emprendedoras de Venezuela. Según entiende, la sola presencia de las emprendedoras en los circuitos productivos deja en evidencia las desigualdades de género, tanto en torno a la voz y la autoridad que les es reconocida en sus tareas como en tener que combinar sus actividades productivas con, en muchos casos, ser jefas de hogar.

Ellas encuentran una barrera extra cuando son migrantes y deben lidiar con estigmas y diferencias culturales para establecerse en un nuevo territorio. Para Rivas, es necesario impulsar una nueva perspectiva: “Apartar la concepción de que las mujeres migrantes son receptoras de ayuda y empoderarlas como agentes de cambio, eslabones vitales de la cadena de producción y bienestar de la sociedad que las acoge”, resaltó. Y ello porque “su diversidad cultural y su experiencia migratoria se convierten en un valor agregado, en un activo que enriquece a toda la comunidad”.

 

El trabajo como empoderamiento

“El emprendimiento en su rol de catalizador de la economía mundial, especialmente en el empoderamiento económico de mujeres, es un ejemplo de oportunidad para construir un futuro mejor en el país de acogida”, sostiene Rivas. Esa mirada es compartida por la Fellow Ashoka de Uruguay Adriana Abraham Pérez, pero en lo que respecta a acompañar y fomentar el empoderamiento de mujeres que atravesaron diferentes tipos de violencias. Desde el Centro de Promoción de la Dignidad Humana (CEPRODIH), ofrece alternativas para la reinserción social de familias en situación de extrema vulnerabilidad.

Uno de sus focos es la generación de acciones con impacto social, ambiental y económico que se traduzcan, por ejemplo, en herramientas para que las mujeres que atraviesan alguna situación de violencia en su hogar tengan independencia económica para lograr poner fin a esa situación. O, también, madres que se encuentran desempleadas y necesitan un trabajo que les permita sostener la crianza de sus hijos o hijas, sobre todo si son su único sostén. 

Los casos donde el género expone a una doble capa de violencias también pueden verse en “la joven embarazada que en el momento de mayor vulnerabilidad queda sola y sin posibilidades de acceder a un empleo, la mujer recién liberada a quien se le cierran las puertas para acceder a un trabajo o la mujer del interior profundo que se encuentra aislada y sin acceso al mercado”, describió. Su organización se ocupa de fortalecer las habilidades sociolaborales, conectando a las mujeres con oportunidades reales de trabajo, ya sea en relación de dependencia o autoempleo.

De las 1500 mujeres que pasaron por la experiencia junto a CEPRODIH, alrededor del 50% obtuvo un empleo. “Potenciarlas tiene un efecto multiplicador, ya que la inversión que se realiza en la mujer impacta directamente en las condiciones de vida de sus hijos e hijas, y rompe el ciclo de pobreza y violencia entre ellas y en las nuevas generaciones”, resaltó.

 

Tejiendo redes

En los páramos rurales hay puntos que tienen un rol poderoso porque vencen el aislamiento en el que viven muchas mujeres campesinas ya que muchos kilómetros las separan de otras casas o de los centros comunitarios o productivos. Uno de esos lugares son las escuelas primarias, a las que las mujeres llegan luego de trasladarse horas para acompañar a sus hijos o hijas. Encontrarse con pares es una oportunidad para tejer red y pensar, al menos por un rato, lo que parecería imposible: poner en marcha un emprendimiento que les permita, juntas, tener un ingreso propio.

El trabajo de Verónica Torassa, Fellow Ashoka de Argentina que dirige Azul Solidario, pone el foco hace 19 años en que ello no sea solo una idea, a partir de capacitar a mujeres campesinas para que sumen a sus conocimientos los necesarios para emprender. “Reconocemos la capacidad de trabajo de las mujeres rurales, fortalecemos su formación y les damos visibilidad al promover en las redes sociales sus prendas de pura lana y de hilo de algodón, realizadas a través del emprendimiento Hilados del Azul" explicó.

Así, tejedoras a dos agujas y crochet, costureras y bordadoras tejen su propio futuro, en muchos casos sin dejar de ser parte de la vida económica familiar al participar en tareas fundamentales como manejar un tractor, esquilar ovejas, hacer la huerta, cocinar o atender su casa. 

Torassa se refiere a las mujeres rurales pero, en sus palabras, representa a todas las que dan de sí para transformar positivamente su realidad y la de sus pares: “Este 8 de marzo, acompañamos a todas las mujeres que, con empeño, persistencia y coraje, se empoderan día a día”.