En pueblos, ciudades y barrios de todo el país, hay jóvenes que no se conforman con observar las brechas o desigualdades. Se organizan, levantan la voz y crean soluciones para las urgencias que identifican en sus comunidades. Con la convicción de que todas las personas pueden ser agentes de cambio, Ashoka Cono Sur impulsa desde hace cinco años Tribu 24, una red federal que enlaza y acompaña a adolescentes y jóvenes que transforman sus realidades y dejan su huella.
“Es fundamental que las voces de las juventudes sean escuchadas, que sean parte de la mesa donde se piensan las respuestas a los desafíos de hoy”, planteó Layla Calomiti, coordinadora del área de Niñez y Juventud de Ashoka Cono Sur. Tribu 24 identifica a quienes lideran o impulsan proyectos con impacto positivo -ya sea en una escuela, un barrio o una región- y les ofrece herramientas, capacitaciones, espacios para poner en común y fortalecer ideas y espacios de confianza para seguir creciendo.
Lazos para construir
El programa destaca en sus participantes algunas habilidades fundamentales para ser parte de un cambio con impacto en el bienestar de las personas: la empatía para comprender y actuar frente a las injusticias; iniciativa emprendedora para convertir una idea en acción; liderazgos colectivos y ganas de trabajar en equipo. A la par, la red fomenta la articulación con otros actores sociales y el fortalecimiento de lazos entre pares.
Para Francisco Vega, integrante de Tribu 24, el motor siempre fue el servicio. Tras presidir el centro de estudiantes de su escuela en San Juan, buscó un nuevo espacio para canalizar esa vocación. “Vivir cada experiencia en comunidad fue único e incomparable. El individualismo no puede sostener un cambio tan duradero como el que surge de la colectividad. Esa colectividad tiene una fuerza transformadora”, afirmó sobre su compromiso social. “Cuando nos comprometemos a crecer juntos y a encontrar sentido a los problemas que enfrentamos, el impacto puede ir mucho más allá de nuestra localidad”, reflexionó sobre el impacto de las juventudes comprometidas.
Cassandra Leissarrague, también integrante de Tribu 24, confirmó que la edad no es una barrera para iniciar un cambio. A los 14 años fundó una organización para abordar causas ambientales y sociales de forma cercana a otras juventudes de su zona. “La habilidad iniciadora en el activismo es la empatía. También hacen falta liderazgo y compañerismo, porque sin sentido de colectivo no hay militancia posible”, sostuvo.
Transformación federal
Tribu 24 le dio una mirada federal a este tipo de acciones y relevó la diversidad de causas que mueven a jóvenes de todo el país. “Fue un puntapié de oportunidades, la base de algo mucho más grande. Abrió muchas puertas y sigue abriéndolas”, destacó la integrante de la iniciativa desde su experiencia.
A quienes recién empiezan a hacerse preguntas y a sentir las ganas de sumarse a un espacio participativo de jóvenes, Leissarrague les recomendó seguir causas que sean genuinas: “Defender aquello que llena de pasión, que conmueve, que indigna. Hay que apropiarse de los espacios de discusión, y para apropiarse primero hay que animarse a empezar”, subrayó.
Para Ashoka, narrar estas experiencias es sembrar la idea de que el protagonismo juvenil no es una excepción: es una posibilidad al alcance de cualquiera que decida involucrarse. Como convocó Vega: “Animate. Sumate a un voluntariado, postulate a un espacio de decisión, preguntá qué le duele a tu comunidad y buscá transformarlo. No hay un manual, pero tus experiencias te irán marcando el camino”. En un presente que exige creatividad, alianzas y persistencia, Tribu 24 es un espacio para transformar.